Miguel Lito Sánchez nació el 18 de mayo de 1957. Tiene 60 años y desde hace 40 sube cerros y nunca dejó de hacerlo. En Mendoza o en el Himalaya lo seguirá haciendo, promete, mientras la salud se lo permita.

Soltero (“libre” dice), no hay fin de semana que no encuentre a Lito en algún ignoto y remoto 5 mil de la cordillera del límite, o en las quebradas de Penitentes o Polvaredas, en el Cordón del Tigre o del Plata, siempre buscando lo nuevo, desconocido, inexplorado. Ejerciendo el deporte que abrazó desde siempre con una respetable modalidad cada vez más en auge: el estilo alpino, rápido, liviano, sin ayuda externa y por nuevas rutas.

“¡¿Cómo hace?!” se preguntan sus muchos, muchísimos amigos y colegas de montaña. Estamos en presencia de una leyenda viviente.

CUMBRES: ¿Cómo empezó su amor eterno por la montaña?

Lito Sánchez: Arranqué a fines de 1977 cuando ascendí el cerro Ponderado, en la Precordillera. Como muchos de esa época empecé casi sin querer invitado por amigos. Subimos y quedé deslumbrado. Al año siguiente con un grupo empezamos a subir en crecimiento en la Precordillera. Fines de semana, domingos. Yo trabajaba y el fin de semana partía a la montaña.

C: ¿Siempre en la búsqueda de desafíos cada vez más altos?

LS: Claro. Después empecé a ir al Cordón del Plata y aspiraba a hacer otras montañas, 5 miles. El entusiasmo me llevó a aspirar a más. En esa época conocí gente del Club Andinista de Mendoza, me asocié y prácticamente toda mi carrera la hice para el Club. Además, tomé ahí cursos de escalada en hielo, en roca, para progresar, y con el tiempo fui aspirando a más y más.

C: ¿Llegó luego su hora en Aconcagua?

LS: Aconcagua (6.962 m) no me volvía loco, no era mi mayor aspiración. Mi idea era adquirir mucha más experiencia antes de ir. Pero salió una oportunidad de ir en 1980. Yo solo había subido un par de 5 miles, dudé, pero el entusiasmo y la motivación hizo que fuéramos por el glaciar de los Polacos. Fue mi primera ida, no había nadie, no había campamentos, nada. Fue mala experiencia porque murió uno de los compañeros, Sergio “Tommy” Elía, en el corte del glaciar cayó 400 metros.

C: No fue el mejor comienzo Lito…

LS: Estábamos solo nosotros dos. Arrancamos cuatro, pero en Plaza Argentina unos gendarmes nos dijeron que debíamos bajar a Mendoza para firmar unos deslindes. Bajaron dos y nosotros dos mientras adelantamos. El día que queríamos ir a Piedra Bandera llegamos muy tarde, muy cargados, con equipo rudimentario. En lugar de la directa fuimos por la clásica de Polacos, por Piedra Bandera. En el primer tercio del glaciar había hielo en varias partes, pasamos con cuidado porque estaba bien duro. Yo iba adelante y en un momento sentí el tirón, me di vuelta y vi que iba cayendo, gritaba, y ya no lo vi más. Bajé como pude, schockeado y desesperado, me arrimé al precipicio, no vi nada, empecé a bajar sin saber si mis otros compañeros habían vuelto. De noche vi a lo lejos una lucecita y fui, eran ellos en las lagunitas, mucho más abajo de Plaza Argentina. Fue mi primera experiencia en Aconcagua, muy mala. Por eso quedó algo postergado.

C: Fue una pérdida grande para Usted, él era un compañero de montaña…

LS: Con Tommy abrimos una ruta nueva en el Agustín Álvarez por un canal de nieve que sale cerca de la cumbre, que luego con el tiempo se convirtió en una ruta clásica. Eso fue el 2 de noviembre de 1980 y él muere en Aconcagua el 28 de noviembre. Yo propuse que esa nueva vía se llamara Canal de Tommy, y así fue. Es una vía clásica, muy bonita, técnicamente no muy difícil.

C: Pero después sí llegó definitivamente Aconcagua a su vida

LS: Volví en 1983 con amigos por la ruta Normal, era otro mundo. Hice mi primera cumbre… Ya hice muchas, 67. Horacio Cunietti viene por ahí, también Ulises (Corvalán). Y viene atrás una camada de chicos que tienen ya 30 ó 40 cumbres.

C: Cuénteme su mayor logro en Aconcagua, la Pared Sur

LS: En los ‘80 escalábamos bastante. En 1985 nos sentíamos capacitados y motivados para ir a la Pared Sur. Fuimos, y si bien no hicimos cumbre llegamos al glaciar Superior por la ruta francesa, hicimos casi toda la pared, pero el clima y la falta de alimentos y combustible nos lo impidió. Quedamos muy satisfechos y motivados Alejandro Randis, Daniel Rodríguez, Domingo Álvarez, Guillermo Rainier de San Juan y yo. Al año siguiente volvimos y la hicimos, el 23 de febrero de 1986 con Domingo, Alejandro, Daniel y el colombiano Manolo Barrios Prieto, y así fuimos los primeros mendocinos en hacer la Pared Sur. Fue una experiencia muy bonita, muy exigente, dura y peligrosa, hay partes con peligros objetivos y zonas de muchos riesgos. Cuando uno se mete en la Pared sabe que algo puede caer en cualquier momento.

C: ¿Siguió encontrando motivación en Aconcagua después de tan importante logro?

LS: Siempre subí por gusto e hice un crecimiento, Normal, Polacos y luego la Sur. Mi aspiración siempre fue crecer deportivamente. En aquella camada empezábamos a tirar en el día por la Normal para bajar tiempos y ese estilo, quedábamos muy felices con ese estilo, poco tiempo en el cerro, rutas que se adapten a uno, para eso entrenábamos en la semana para estar fuertes en la montaña. Lo tomábamos con mucha pasión porque siempre aspirábamos a más y la forma de crecer era entrenar. Por ejemplo 5 miles en el día en el Cordón del Plata, una travesía entonces virgen Vallecitos-Rincón con Alejandro (Randis), también bautizamos varios cerros, la Supercanaleta del Rincón, nuevas vías como la Sur del Franke que hice un canal nuevo y le puse Alma de Diamante. Con (Carlos) Tejerina hicimos la Sur del Lomas Amarillas. A una torre al lado del Agustín Álvarez le pusimos Septiembre y a ese cerro Torres del Tango.

C: ¿Fue el momento de salir a buscar cerros por otras regiones?

LS: Vinieron Perú y Bolivia, montañas muy nevadas, siempre en el clima ideal de mayo-junio con mejores condiciones, muchos 5 y 6 miles. Y después Nepal.

C: ¿Cómo empezó su impresionante carrera en los Himalayas?

LS: Unos amigos españoles me invitan al Himalaya en 1988, al Annapurna (8.091 m, 10° más alto del mundo), una montaña muy particular, quienes aspiran a los 14 ocho miles la dejan para el final porque es técnicamente no muy difícil pero sí muy peligrosa, hielo, grietas, avalanchas, difícil y peligrosa. En el Campo Base éramos los únicos. Alcanzamos muy buena altura, 7.700 metros, pero no hicimos cumbre, tuvimos avalanchas, perdimos campamentos, pedimos equipo prestado y en los días decisivos tuvimos muchas nevadas, incluso quedamos dos días bloqueados. Fue una experiencia dura y bonita a la vez, con mucho riesgo, y el sinsabor porque yo sentía que podía.

C: Después sí vino el premio mayor…

LS: Los mismos españoles me invitan dos años después al Cho Oyu (8.201 m, 6° más alto del mundo). Yo vivía en Canadá en 1989, trabajé 9 meses en una factoría, cortaba césped, hacía limpieza nocturna de oficinas. Pero no podía entrenar, extrañaba las montañas de Mendoza. Andaba en bicicleta, corría los fines de semana, pero no escalaba nada. Cerca de la fecha me llaman y me dicen que cambiamos, vamos al Dhaulagiri (8.163 m, 7° más alto). Por referencias se dice que el Cho Oyu es más accesible. Además, me preocupé por la historia para los argentinos, varias expediciones argentinas no han podido y ahora me toca a mí… era un peso más en la mochila. Un año antes yo soñé que hacía cumbre en el Dhaulagiri. Quedé asombrado al despertarme, fue motivador, pero sin saber que iba a ir a ese cerro. Fue tan asombroso que anoté la fecha, 2 de octubre de 1989. El 5 de octubre de 1990 hicimos cumbre. ¡Y cuando estábamos a 7.400 en el último campo en el primer intento de cumbre era 2 de octubre… se iba a cumplir mi sueño! Pero nos pegó el viento y aguantamos tres días, incluso bajamos al último campo a reponernos un poco, y el 5 hicimos la cumbre. Y así fui el primer argentino en lograr un 8 mil.

C: Y redobló la apuesta, ahora otro 8 mil ¡y en invierno!

LS: Un par de años después fuimos con los mismos compañeros al Cho Oyu, en febrero de 1993, en invierno. Durísimo. Fue una experiencia maravillosa en lo deportivo y lo humano. Estábamos solos nosotros y la montaña, no había nadie. Además, no entramos por China sino por Nepal, cruzamos un alto collado hacia el Tíbet y ahí subimos el Cho Oyu. Un ambiente muy frío y solitario. Éramos 6 españoles, una suiza, Marianne (mi compañera entonces) y yo. 7 hicimos cumbre. Cuando bajamos la famosa periodista Elizabeth Hawley, que es quien lleva estadísticas muy minuciosas cada temporada en los Himalayas, nos confirmó que Marianne fue la primera mujer en un 8 mil en invierno, y yo el primer latinoamericano en hacer un 8 mil invernal.

C: Pasaron más de 10 años para volver…

LS: Volví en 2004 por Pakistán en una expedición del empresario catalán Joaquín Molins Gil en su proyecto Argentinos en el Himalaya que empezó en 2003 en Dhaulagiri que yo no fui porque ya lo había hecho. Allí lo subió Víctor Herrera. En 2004 Joaquín organiza otra y fuimos un grupo de argentinos a los Gasherbrum, una parte al I (Hidden Peak, 8.068 m, 11° más alta) y una parte al II (8.034 m, 13° más alto). Ninguno hizo cumbre, el clima nos mató. Pero fue emotivo porque se rindió homenaje a Nancy Silvestrini que subió el I y murió en el descenso, su cuerpo aún está ahí. Yo con Nancy hice montaña, era muy conocida, fue alumna de la Escuela. Y en 2011 fui de nuevo con dos catalanes y Heber Orona al Broad Peak (8.051 m, 12° más alto). Pero tampoco pudimos hacer cumbre.

C: ¿Hay mucha diferencia entre Himalaya y los Andes?

LS: He ido a Nepal 3 veces y a Pakistán 2. Me he sentido en mi casa, mi lugar en el mundo, muy a gusto, me he sentido tan bien. Allá las aproximaciones son muy largas y a mí eso me fascinaba, era maravilloso, eso me ayudaba mucho en el estado físico y la aclimatación. Caminaba 10 u 11 días, subiendo y bajando por lugares maravillosos, primitivos, con mucha vegetación, no hay carreteras, no hay luz, ni agua, por pueblitos muy pintorescos con gente muy buena y bondadosa, durmiendo y comiendo en la casita de una familia. Es una marcha muy bonita y uno va aclimatando, llegas al base en muy buen estado.

C: ¿Por qué nunca un intento al Everest?

LS: Con el Everest (8.848 m, 1° más alto del mundo) me pasó lo mismo que con Aconcagua, no me volvía loco. Por supuesto que tengo la ilusión de conocerlo y subirlo. Pero yo ya pude cumplir el sueño de hacer algún 8 mil.

C: Lito, le transmito la pregunta que todos nos hacemos… ¿cómo hace?

LS: Desde que inicié mi recorrido en las montañas las aspiraciones y sueños siempre estuvieron. Hoy en día no tengo grandes proyectos, pero quiero seguir haciendo muchas montañas, mientras la salud y la motivación me lo permitan seguiré buscando nuevos caminos. Desde hace un par de años dije basta, no quiero repetir más cumbres, quiero hacer cosas nuevas, nuevos valles, nuevas cumbres, nuevas rutas si es posible, exploración. Me entusiasmó mucho y lo he venido cumpliendo y una de las motivaciones ha sido el libro de Pablo González “50 Cumbres”, que además de ser amigo me ha servido mucho, a mí y a mucha gente. Este año quiero terminar los 50, me quedan 12 ó 13. No es un súper proyecto, pero para mí es bonito e importante.

Haciendo Escuela

Estoy en la Escuela (EPGAMT, Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña y Trekking) desde que se inició junto a Alejandro Randis, Daniel Rodríguez y Domingo Álvarez, que además fueron los fundadores y mis maestros. Hoy estoy como parte del staff de la materia técnica de Guía. Es importante para muchas generaciones de gente de montaña porque fue crear una oferta laboral, quienes trabajan en Aconcagua por ejemplo, guías, porteadores, campamenteros. La Escuela es muy convocante, y pese que hay en otras provincias vienen chicos del Sur, de Buenos Aires, Córdoba, siguen eligiendo venir acá.

De Patrulla

Las temporadas 90-91 y 91-92 trabajé en una patrulla de rescate privada en el Parque Aconcagua, con Carlos Tejerina, Gabriel Cabrera, Marcelo Acosta, Carlos Varela, y otros muchachos. En esa época trabajé de otra cosa en Aconcagua. Lo destacable es que hicimos mucha prevención, andábamos mucho en el cerro, ayudábamos a la gente. En esas dos temporadas no hubo ningún muerto.

Piedras del Dhaula

Cuando hice cumbre en el Dhaulagiri de una roca yo agarré unas piedritas y me las guardé. Cuando Víctor Herrea fue se las di y le dije que las ponga de nuevo en la cumbre. Y lo hizo, fue una historia muy particular. Él fue el único argentino en hacer cumbre en esa expedición.

Fotos portada, 1 y 3: Leandro Ignacio Luna @outlawphotographer

Fotos 2 y 4: Cintia Mar

 

 

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